El experimento del “dinero gratuito” de Wörgl



El experimento del “dinero gratuito” de Wörgl

La voluntad política existió a principios de los años treinta en el pequeño municipio austriaco de Wörgl am Inn, en donde se introdujo oficialmente y dentro de un marco regional limitado una nueva moneda con tasa de garantía de circulación. El trasfondo venía dado por la crisis de la economía mundial con sus terribles consecuencias en forma de desempleo masivo. Este se explicaba por la política de deflación de los bancos centrales de la época, en Austria y en Alemania, es decir, una reducción de la cantidad de dinero, que se adaptaba a las menguantes reservas de oro. (Se había llegado a esas desviaciones masivas de oro a consecuencia de las crisis bancarias en los EE.UU. y la rescisión de los créditos americanos concedidos a Austria y Alemania). Debido a la reducción del dinero el flujo dinerario había empezado a detenerse, y con él el flujo de mercancías, de forma que cada vez eran más las empresas que quebraban. La equivocada política de deflación de los bancos centrales y de los gobiernos a la sazón estranguló la economía en toda regla, precipitándola hacia la crisis.
Era en este contexto que en 1932 el municipio de Wörgl decidió introducir una moneda alternativa con garantía de circulación, para de este modo volver a estimular el flujo de dinero y de mercancías en su región. Este dinero circulante, liberado del interés, por lo cual se le llamó “dinero gratuito”, se pagó a todos los empleados de la administración municipal. Además participaban en el experimento empresas radicadas en la región, y muchas de las tiendas locales aceptaban este dinero como medio de pago. De forma que este dinero en poco tiempo adquirió un elevado grado de aceptación, convirtiéndose en una especie de medio de pago generalizado. La moneda austriaca oficial, que seguía vigente, fue siendo reemplazada más y más por el “dinero gratuito”. Por el dinero gratuito gastado se recogían el importe equivalente de chelines austriacos, y se constituía en depósito. Ya a los pocos meses se observaron efectos asombrosos de este experimento de “dinero gratuito”: mientras el desempleo masivo seguía subiendo dramáticamente en todas partes, en Wörgl disminuyó en el curso de un solo año en un 25%. La vida económica, muy paralizada anteriormente, volvió a florecer, y la miseria social fue reduciéndose de forma visible. La gente volvía a abrigar fundadas esperanzas de que la economía volviera a recuperarse.
La ejecución práctica de la garantía de circulación tomó el siguiente aspecto concreto: En cada billete había 12 casillas, y cada una representaba un mes del año. Una vez transcurrido el mes el billete sólo conservaba su valor de 100 y era aceptado cuando se había pegado un sello por valor del 1% del nominal en la casilla correspondiente. Quien retenía un billete durante 12 meses sólo podía volver a ponerlo en circulación si tenía pegado un sello en cada una de las 12 casillas.  El retener 100 chelines durante 12 meses costaba por tanto una tasa de 12 chelines (es decir, un 12%) (v. fig.64)
Cuanto más rápido se volvía a poner en circulación el dinero, más fácil era eludir la tasa. Con la correspondiente publicidad se había conseguido que la población entendiera el principio fundamental, y la mayoría se atuvo a las reglas del juego pactadas. Los sellos se podían comprar en oficina pública y en entidades de emisión autorizadas, y los ingresos iban a parar a las arcas municipales.
El desbloqueo del dinero
La consecuencia de este nuevo ordenamiento fue que el dinero ingresado no se retenía, sino que se entregaba rápidamente. Cabría pensar que por la circulación acelerada del dinero debería producirse una inflación. Pero no es el caso, pues cada cual sólo puede volver a gastar tanto dinero como ha ingresado por medio del trabajo y de la producción, es decir, por la creación de valores reales. Al dinero gastado se le enfrenta en el otro lado de la balanza la mercancía, que no hacen más que esperar a ser vendidas. Lo que sucede con la garantía de circulación es meramente un desbloqueo del dinero, no un desbordamiento ilimitado del flujo dentro del circuito dinerario.
La circulación sí se podría desbordar cuando el dinero, como sucede en los sistemas dinerarios predominantes, se atesora durante largo tiempo y en grandes cantidades, es decir, cuando se acumula cada vez más dinero, y de repente retorna de forma irruptiva al circuito por algún motivo especulativo (como motivado por especulación de divisas). Entonces sí parece como si se hubieran roto todos los diques. Cuando revienta de verdad el agua embalsada, se producen grandes devastaciones. En cambio, si el arroyo no se hubiera embalsado hasta constituir una gran presa, sino que se le hubiera permitido seguir su curso natural, no se habría producido la inundación. De forma similar sucede con el dinero: el atesoramiento especulativo y la repentina inundación del circuito dinerario mediante la liberación del dinero acumulado son quienes crean los problemas y las inestabilidades que con un fluir de carácter continuado nunca podrían producirse.

Wörgl: la destrucción de una utopía concreta

Por cierto, que el experimento del “dinero gratuito” en Wörgl no murió fracasado, sino al revés: murió de éxito. Los increíbles efectos revitalizantes sobre la economía de la región de Wörgl habían despertado un interés creciente hacia este experimento piloto – rebasando incluso las fronteras austriacas. Gentes de todo el mundo acudían para conocer más de cerca las causas del “milagro de Wörgl”

Parece que sólo en Austria hubo más de cien municipios con la intención de introducir un sistema de dinero alternativo con garantía de circulación. Fue esta evolución la que hizo que el banco central austriaco echara el freno de emergencia y entablara un pleito contra el municipio de Wörgl invocando su monopolio en los asuntos de aprovisionamiento monetario – que le fue reconocido por los tribunales.

Con ello quedaba destruido por las fuerzas contrarias un experimento portador de grandes esperanzas, la utopía concreta de un sistema dinerario exento de interés. Pero tales reveses no alteran para nada el hecho de que es importante seguir manteniendo con vida las visiones alternativas de un futuro que defiende los valores de la vida, desarrollándolas y difundiéndolas, despertando el recuerdo de ejemplos históricos cuando estos vayan a perderse. Por supuesto que dentro del movimiento de la economía libertaria sigue siendo del conocimiento general el experimento del dinero gratuito de Wörgl, pero fuera de ella apenas se comenta en los tiempos actuales. Y eso que los estudios de este ejemplo y de otros modelos experimentales de sistemas dinerarios y de trueque alternativos podrían estimular de forma importante ensayos parecidos, adaptados a los tiempos actuales (33).

¿Dinero electrónico con garantía de circulación?

Para una economía nacional y en los tiempos actuales la configuración técnica de la garantía de circulación ciertamente se vería diferente de la que entonces se empleó en Wörgl. Si se piensa que ya ahora una parte creciente de los pagos se realiza sin transferencias físicas (mediante cheques, transferencias, tarjetas de crédito, de teléfono, etc.), y que dicha proporción va a seguir aumentando, debería pensarse a largo plazo en un adeudo electrónico automático de la tasa de garantía de circulación. En cada registro electrónico en la tarjeta de crédito o de una tarjeta monedero (en grandes almacenes, bancos, teléfonos públicos, transportes públicos, etc.) se podría calcular el importe que correspondiera a cada período de inactividad en el uso del dinero, descontándose. Los ordenadores de los bancos hoy día ya están deduciendo automáticamente los intereses en caso de descubiertos, enviando la liquidación a fin de mes. ¿Por qué no iba a ser posible entonces en relación con el dinero inactivo y retenido en las cuentas? Con la diferencia de que las tasas no irían a los bancos, sino a las arcas públicas. Quien quiera evitar esta tasa de garantía de circulación sólo necesita pasar su dinero desde la cuenta corriente a la cuenta de ahorro, en donde no pagaría tasas, y desde donde podrían fluir como crédito a otros participantes de la economía, necesitados de flujos dinerarios.

Al menos para los pagos sin soporte físico el dinero electrónico podría venir dotado de una tasa de garantía de circulación, si existiera esa voluntad política. Y para el dinero en metálico que aún circula se podrían encontrar vías técnicamente factibles y jurídicamente válidas – aunque fuera para los billetes más grandes. (En los billetes pequeños o en las monedas, no se suelen atesorar las grandes sumas de dinero, y las pequeñas cantidades atesoradas no suponen mayor molestia al circuito económico.

De: Bernd Senf, “Der Nebel um das Geld”
[http://userpage.fu-berlin.de/~roehrigw/senf/woersenf.html#woegl]




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